sábado, 5 de abril de 2008

Putin: El imperio contraataca

Publicado en La Razón, de Lima-Perú, el 7 de octubre de 2007

Putin: El imperio contraataca

Ricardo Sánchez-Serra*

Es una amenaza para la paz mundial
Luego de la caída del Muro de Berlín y el desmoronamiento de la Unión Soviética (URSS) se pensó que la nueva amenaza para la paz mundial era el islamismo radical y teocrático, además de algunos focos de tensión como Corea del Norte e Irán.
Existen, asimismo, otros problemas no menos importantes para la comunidad internacional como el hambre, el armamentismo, las migraciones y los atentados terroristas.
La independencia de Rusia de la totalidad de las ex naciones soviéticas, más los graves problemas económicos de Moscú, debilitaron el poderío ruso, mas no su codicia imperial, hoy en su máximo esplendor con Vladimir Putin en la presidencia, que siempre trata de recordar al mundo que Rusia no es una potencia en decadencia.
Fueron 14 naciones que se liberaron del yugo comunista ruso: los estados caucásicos de Georgia, Armenia y Azerbaiján, los bálticos de Lituania, Letonia y Estonia. Asimismo, los estados pertenecientes a Asia Central, como Turkmenistán, Tayikistán, Kirguistán, Kazajastán y Uzbekistán y los Estados de Europa Central como Ucrania, Moldavia y Bielorrusia.
Además, se liberaron otros países de la “Cortina de Hierro”, como Polonia, Rumania, Checoslovaquia, República Democrática Alemana, Hungría y Bulgaria.
Yugoslavia se partió en mil pedazos, los checos se separaron de los eslovacos y los alemanes se reunificaron.
Después de cuatro siglos Rusia ha regresado a sus fronteras originarias. Putin no está contento y quiere que su país retorne a ser la potencia luego de la Segunda Guerra Mundial y convertir al mundo en bipolar. Ese objetivo es, asimismo, para consumo interno, en vista que el próximo año se celebrarán elecciones y se prevé, como no puede postular a la reelección, que ponga un candidato adicto a él y como la disidencia está pisoteada, seguramente ganará, a pesar del aumento de la criminalidad, las mafias de drogas y la xenofobia; además que está proponiendo la creación de un premierato, que naturalmente será para él.
Heredero de Pedro El Grande
Putin se considera el heredero del pensamiento de la emperatriz Catalina II La Grande (1729-1796): "Si alcanzara a vivir doscientos años, toda Europa pasaría bajo dominio ruso. No quiero morir antes de expulsar a los turcos de Europa, quebrar la insolencia china y establecer relaciones comerciales con la India".
Asimismo, pretende ser el legatario del testamento de Pedro I El Grande (1672-1725), un documento histórico importante para comprender el temperamento gobernante ruso.
“En nombre de la santísima e indivisible Trinidad, nos, Pedro I, emperador de todas las Rusias, -así empieza el documento- a todos nuestros descendientes y sucesores en el trono y gobierno de la nación rusa….
El gran Dios, de quien tenemos nuestra existencia, al habernos constantemente iluminado con sus luces y apoyado con su divina ayuda, me permite ver al pueblo ruso llamado, en el porvenir, a la dominación general de Europa. Fundo tal pensamiento en el hecho de que las naciones europeas han llegado, para la mayor parte, a un estado de senectud próximo a la caducidad, o se le acercan a paso veloz; por lo tanto deben ser fácil e indudablemente conquistadas por un pueblo joven y nuevo, cuando este último haya alcanzado toda su fuerza y todo su crecimiento.
Encontré a Rusia arroyo, la dejo río, mis sucesores harán de ella un gran mar destinado a fertilizar la Europa empobrecida y sus olas rebasarán todos los diques que le podrán oponer manos debilitadas, si mis descendientes saben cómo dirigir su curso. Por eso les dejo las enseñanzas siguientes y las recomiendo a su atención y constante observación.
I Mantener a la nación rusa en un estado de guerra continuo, para tener al soldado aguerrido; dejarlo descansar sólo para mejorar las finanzas del Estado, rehacer los ejércitos, escoger los momentos oportunos para el ataque. Poner así la paz al servicio de la guerra y la guerra al de la paz, en el interés del ensanchamiento y de la prosperidad creciente de Rusia…
IV Dividir a Polonia manteniendo la turbación y celos continuos; ganar las potencias a precio de oro; influir en los congresos, corromperlos para participar en las elecciones de los reyes; hacer nombrar sus partidarios y protegerlos; hacer entrar tropas moscovitas y mantener su estancia hasta la ocasión de una permanencia definitiva. Si las potencias vecinas causan problemas, apaciguarlas un tiempo dividiendo al país, hasta que se pueda tomar de nuevo lo dado…
VII Buscar de preferencia la alianza de Inglaterra para el comercio, por ser la potencia que necesita más de nosotros para su marina, y que puede ser la más útil al desarrollo de la nuestra. Cambiar nuestras maderas y otras producciones por su oro, y establecer entre sus mercaderes y marineros y los nuestros relaciones continuas que formarán a los de nuestro país en la navegación y el comercio.
VIII Expandirse sin descanso hacia el norte, a lo largo del Mar Báltico, así como hacia el sur, a lo largo del Mar Negro.
IX Acercar lo más posible a Constantinopla y a las Indias. Quien reinara allá será el verdadero soberano del mundo. Por lo tanto, suscitar guerras continuas, un día a los turcos, un día a Persia, construir astilleros en la costa del Mar Negro, tomarla poco a poco, igual que el Báltico, lo que es un punto doble necesario al éxito; acelerar la decadencia persa; penetrar hasta el Golfo Pérsico; establecer, de ser posible, por Siria, el antiguo comercio del Levante y avanzar hasta las Indias, bodega del mundo. Una vez llegado allá, podrá uno prescindir del oro inglés…
XIII Una vez Suecia desmembrada, Persia vencida, Polonia subyugada, Turquía conquistada, nuestros ejércitos reunidos, los mares Báltico y Negro guardados por nuestras naves, se deberá primero proponer separada y muy secretamente, primero a la corte de Versalles, luego a la de Viena, compartir el imperio del universo. Si una de las dos acepta, lo que no puede fallar, lisonjeando su ambición y amor propio, usarla para aplastar a la otra; luego aplastar a su vez a la que quede, abriendo con ella una lucha que no podrá ser dudosa, al poseer ya Rusia todo el Oriente y gran parte de Europa”.
Por alguna razón Putin tiene un cuadro con la imagen de Pedro El Grande en su oficina, ya que lo admira y es heredero de su pensamiento.
A sangre y fuego
Putin, como Pedro I El Grande, calla a la disidencia política a sangre y fuego. Recuérdese los asesinatos de la periodista Anna Politkovskaya en el día de su cumpleaños y de Alexander Litvinenko, ex agente de la KGB, en Londres. Detiene a los opositores de su Gobierno, como al ex campeón mundial de ajedrez Gary Kasparov y a periodistas. Igualmente apresó a los activistas que se dirigían a Samara para participar en la Marcha de los Disidentes contra el régimen de Putin.
Aplastó también a lo separatistas que quieren la independencia de Chechenia (si pierde el poder le espera un tribunal internacional por sus crímenes en esa región). En marzo de este año, Amnistía Internacional pidió a la Federación Rusa que adopte medidas inmediatas y concretas para erradicar la tortura y otros malos tratos, las detenciones arbitrarias y las "desapariciones" en la República Chechena y que aborde la impunidad de los autores de estas violaciones.
El autoritarismo de Putin, un mediocre ex miembro de la policía política KGB, pone en peligro la paz mundial. Suspendió su participación en el Tratado de Armas Convencionales en Europa, en protesta porque Estados Unidos instalará escudos defensivos antimisiles en Polonia y República Checa con, por supuesto, la aquiescencia de esas naciones. Además, Moscú lanzó un nuevo misil balístico intercontinental, el RS-24, capaz de portar varias cargas nucleares y amenazó con apuntar sus misiles a Europa. Hace pocos días, igualmente, arrojó un misil a Georgia, que afortunadamente no estalló. Georgia es cercana a Estados Unidos y anhela adherirse a la OTAN. Los rusos suministran armas a los rebeldes separatistas de las regiones de Abjasia y Osetia del Sur.
En Asia Central aún tiene subyugados a las islámicas ex repúblicas soviéticas e incluso les ofrece armas y equipos militares bajo los mismos términos que a las fuerzas armadas rusas. Asimismo, realiza alianzas estratégicas con naciones antinorteamericanas como Venezuela, Irán y Siria. Se opone a la independencia de Kosovo, apoyando a su aliado Serbia. Alienta la enemistad entre armenios contra azerbaijanos (cuestión de Nagorno-Karabaj), uzbecos contra tártaros, moldavos contra gagauses, etc. Crea conflictos por la energía con Ucrania, Lituania y Bielorrusia, pone trabas a la carne polaca, atacó cibernéticamente a Estonia desde un millón de ordenadores. La lista de agresiones es interminable.
Igualmente, se enfrentó a Gran Bretaña negándose a extraditar a Andrei Lugovoi, el ex espía de la KGB acusado de envenenar con polonio a Litvinenko y que éste, poco antes de morir, acusó a Putin de su asesinato.
Las naciones de Occidente son muy contemplativas con el régimen de Putin, tal vez porque Europa es chantajeada, debido a que Moscú es su principal proveedor de energía.
El general Ion Mihai Pacepa, ex oficial de mayor rango de la inteligencia soviética que desertó a Occidente dijo: “No va a ser fácil romper con una tradición de 500 años. Eso no significa que Rusia no pueda cambiar. Pero, para que eso suceda, EE.UU. tiene que ayudar. Tenemos que dejar de pretender que el gobierno ruso es democrático. Hay que reconocer lo que verdaderamente es: una banda de 6.000 antiguos oficiales de la KGB –una de las organizaciones criminales más grandes de la historia– que han capturado la mayoría de los puestos importantes de los gobiernos federales y locales. Ellos están perpetuando la vieja práctica de asesinar a sus opositores. Pero asesinar siempre ha tenido un precio, y el Kremlin tendrá que pagarlo antes de que renuncie a su práctica”.