domingo, 7 de julio de 2013

Diplomáticos y salud mental

Publicado en el diario LA PRIMERA, de Lima-Perú, el 7 de julio de 2013
La importancia de la salud mental de los

funcionarios que representan al país


Por Ricardo Sánchez Serra*


A raíz del bochornoso incidente del entonces embajador ecuatoriano con un par de callejoneras en un establecimiento comercial, el presunto maltrato a una connacional por parte del Agregado Civil de nuestra Embajada en Estados Unidos y el maltrato a un diplomático subalterno en la Embajada peruana en Moscú, el tema de la atención a la salud mental adquiere vigencia, por lo que es menester se considere en nuestros representantes en el exterior.


Y no se tome esta recomendación como una ofensa, por favor, estamos muy lejos de esa intención, ni tampoco para desprestigiar o desacreditar a nadie, menos aún a nuestros destacados diplomáticos. Además, esta atención debe extenderse a todos los servidores públicos.


¿Alguien conoce lo que sucede con un diplomático en el exterior? ¿Sabe de cerca lo que acontece con él?


Tiene que enfrentar el desarraigo trabajando en el exterior aproximadamente cinco años. La esposa, si no es diplomática, no puede trabajar en su profesión o mostrar sus capacidades, debido a que su título profesional muchas veces no puede ser revalidado. Los hijos menores sufren intempestivos cambios de colegios y los mayores se encuentran alejados por sus estudios en la universidad. La familia sufre un zamacón, en alguna tolerable en otras no.

Conocí un embajador que estaba preocupado porque tenía una hija que prácticamente no tenía amigos en el Perú, por sus constantes destinos diplomáticos.


Hay otros casos, como el no reconocimiento de sus parejas de hecho, porque algunos que han declarado ser solteros, no se atreven a declarar a su conviviente, por temor a que sus superiores dispongan de ellos para “sus encargos personales” cuando sirven en el exterior.


También hay funcionarios con diferente inclinación sexual, que también se ven privados de declarar a su pareja, situación que en algunos casos ya es un secreto a voces.


Asimismo, se encuentran muchos funcionarios que han sufrido divorcios o pérdidas de sus parejas o hijos. Heridas que arrastran y saben llevar durante el ejercicio de sus funciones, pero que en un segundo pueden exteriorizar, manifestando su ira contenida en situaciones intrascendentes. Otros se pueden refugiar en el alcohol.


El atender la salud mental es una responsabilidad personal e institucional de la Cancillería, que debe proponer un estudio que realmente pueda evidenciar el estado en el cual se encuentran los funcionarios diplomáticos que representan al país en el exterior.


Es un tema preventivo de cuidado también de esos cuadros que pueden ser profesionalmente brillantes, pero han padecido tantas circunstancias o pérdidas que les han impedido desarrollarse integralmente.


Lo más grave es que estas cargas emocionales no quedan en ellos, sino que son transmitidos a todo el personal que laboran con ellos en las misiones en el exterior, y muchos de los subalternos que están iniciando su carrera y sus familias, pueden ser perjudicados por los arranques de sus superiores o de los Jefes de Misión, que tampoco pueden denunciar porque pierden el ascenso. Recordemos el caso del funcionario diplomático fallecido en Moscú.


Los exámenes no deben ser solo para los ascensos en las categorías del escalafón diplomático, sino también para la asignación de funciones, buscando siempre el equilibrio emocional del recurso humano. 


La salud mental como parte de la salud integral de los individuos, es un componente central del desarrollo humano y, por ende, del desarrollo de las naciones. Como señalan Cueto y Zamora, tanto los Estados como la sociedad civil entienden cada vez más que la salud forma parte de los derechos económicos, sociales y culturales, y no sólo es un factor para mejorar la productividad económica o mantener la seguridad nacional.


Si bien es cierto que el tema de la salud mental está ganado un lugar en el debate público durante los últimos años, aún no se establece una política pública que pueda responder a las recomendaciones de ésta y a las demandas existentes en la población afectada. Argentina está evaluando poder atender este requerimiento en sus funcionarios públicos.


La situación actual de la salud mental en el Perú es un indicador importante de las condiciones en las cuales se encuentra la mayoría de peruanos y peruanas. Es tener una foto o mirada diferente de la vivencia de pobreza, exclusión y desigualdad que atraviesa nuestra sociedad, y debe ser entendida como un componente clave de la estrategia integral de lucha contra la pobreza.


Según la Organización Mundial de la Salud, 450 millones de personas experimentan problemas mentales o neurológicos en el mundo. Estos desórdenes constituyen 5 de las 10 principales causas de discapacidad y para el año 2020 estarán entre las primeras causas. Crean un impacto social y económico importante en los individuos, familias y gobiernos. Las personas con trastornos mentales sufren de discriminación, estigma y son proclives a sufrir violaciones en sus derechos humanos.


*Periodista. Miembro de la Prensa Extranjera. Analista Internacional.

Twitter: @sanchezserra