miércoles, 11 de junio de 2014

La alcaldesa de Lima, Villarán, se suicida

Publicado en el diario LA RAZÓN, el 11 de junio de 2014

http://larazon.pe/52689-52689-villaran-se-suicida.html

Villarán se suicida

Ricardo Sánchez Serra

Cuando uno empeña una palabra, debe cumplirla. Cuando uno hace una promesa, debe honrarla. Eso es norma entre caballeros, entre personas decentes y honestas.

La alcaldesa de Lima, Susana Villarán, prometió no una, sino varias veces que no iría a la reelección. Hizo un juramento a la ciudadanía. En uno de ellos suplicó que la dejen terminar su periodo para evitar su revocatoria. Los limeños aceptaron, pensando que su palabra tenía valor.
 

Hoy demostró que su voz fue falsa, despreció a todos con su mentira, calculada muy bien políticamente, como caviar o comunista que es. Solo empeñó su palabra para ganar tiempo, para que bajen las críticas, demostrando falta de respeto y desdén hacia las personas. La violación a su promesa es un atentado a la buena fe. Parafraseando a Cátulo: “las promesas de esa mujer hay que confiarlas al viento o escribirlas en el agua corriente”.

Eso grafica lo que ella es: embustera y fanfarrona para “atreverse”. Al faltar a su palabra ella se definió como lo que es: ya sabemos que no es honesta, no es confiable, no tiene ética, ni credibilidad. Villarán definió quién es y cómo es. La ambición por el poder y su mesianismo de creer que es la única que salva Lima la revela de cuerpo entero, peor aún que la necedad la enceguece porque el 80 por ciento de la población reprueba su gestión.

Y en verdad da pena. Porque todos sabíamos que era buena persona, aunque incapaz de solucionar los problemas de la capital. Todo lo sepultó en un tris. Su honestidad cayó por los suelos: “dime de qué presumes y te diré de qué careces”, dice el refrán.

Las autoridades deben ser ejemplos de conducta transparente y honrada, para que los jóvenes actúen igual y responsablemente. Por eso es que los malos políticos hacen la política putrefacta y sin valores, por eso es necesario hoy más que nunca que nuevas generaciones dignifiquen la política y sean las autoridades que dirijan al país, tanto en el gobierno central, como en el Congreso, presidencias regionales o en las municipalidades.

La palabra es sagrada, señora Villarán. Usted la ha envilecido. ¿Por qué no se calla y se va a su casa?